¿Coches de combustión, eléctricos o híbridos?

¿Quieres comprar un coche de segunda mano y no sabes si decantarte por un coche de combustión, eléctrico o híbrido? Lo que está claro es que los coches eléctricos no son cosa del futuro. Aunque nos encontramos en una etapa en la que las marcas y los consumidores abogan por la sostenibilidad y cuidado del medio ambiente, las estadísticas todavía apoyan a los coches de combustión, ya que el consumidor sigue viendo más ventajas que inconvenientes en él a la hora de tomar una decisión de compra.

En esta decisión entran muchos elementos en juego: el coste de adquisición, mantenimiento, prestaciones, comodidad, autonomía… Pero también se tiene muy en cuenta otros factores como la lucha contra el cambio climático, o al menos, colaborar en la medida de lo posible a que el aire que respiramos esté menos contaminado.

Los avances en los nuevos modelos de coches eléctricos o híbridos están haciendo que muchas personas empiecen a verlos de la misma manera que a los coches convencionales, con la ventaja de que el consumo es mucho menor ya que los motores eléctricos aprovechan mucho mejor la energía que los de combustión. De hecho, se ha comprobado en algunas ocasiones que el motor eléctrico logra un aprovechamiento del 65-80% de la energía, quedándose el motor convencional solo en un 15-20%. Una diferencia más que evidente.

Pero, ¿qué nos ofrece cada uno?

Coches de combustión:

Pertenecen a una industria con más de 100 años de trayectoria e innovación y nos permiten una mayor autonomía y menos tiempo de carga de combustible. Además, tiene más potencia y rendimiento en situaciones adversas. Los motores de combustión interna pueden desarrollar todo su potencial en altas temperaturas o climas gélidos.

Su hándicap es la contaminación, siendo así el motor con mayor emisión de gases que perjudican el medio ambiente.

Coches híbridos:

Estos están dotados de un motor de combustión interna que combinan con uno o varios propulsores eléctricos. Buscan conseguir una mayor eficiencia energética para conseguir reducir los consumos, parando el motor al detenerse y no emitir emisiones. Utiliza sistemas de recuperación de energía para recargar la batería, como la frenada regenerativa.

Funcionan como un coche convencional, no se carga desde una red eléctrica y su funcionamiento en modo solo eléctrico es muy limitado. Cuando la batería se descarga totalmente, simplemente baja el rendimiento, pero sigue funcionando como un coche de combustión interna.

Híbrido enchufable:

Cada vez son más las marcas que apuestan por este tipo de motor gracias a su máxima eficiencia. Estos motores utilizan un propulsor de combustión interna, con uno o varios propulsores eléctricos, pudiendo así recargar sus baterías en una red eléctrica y con sistemas de recarga en marcha.

Esto les permite disponer de una autonomía real aprovechable para funcionar en modo totalmente eléctrico durante una distancia de 40-60 kilómetros. Una vez se descargue la batería, el motor funciona en su forma habitual, lo que nos permitirá realizar kilómetros sin limitación.

Coches eléctricos:

Lo más importante: emisiones cero. Estos motores no necesitan ninguna otra ayuda y pueden ser de baterías o de pila de combustible. Convierten en movimiento prácticamente toda la energía que produce el motor.

La corriente llega a las baterías enchufándose a la red doméstica o mediante un ‘Wallbox’, que permite una carga más rápida. Unas baterías se pueden cargar del todo en unas 10-12 horas, o las ‘Wallbox’ en 6-8 horas.

Sin embargo, la limitación de estos coches se encuentra en su autonomía reducida. En condiciones normales, utilizando los sistemas periféricos, la autonomía real de un coche eléctrico está entre 100 y 150 kilómetros, con la posibilidad de alargarse en situaciones favorables, lo que les convierte en coches urbanos o interurbanos. A su favor, son totalmente silenciosos en marcha, agradables y fáciles de conducir.

Son los que más ayudas reciben de la administración, pero aun así sus precios son todavía altos.

Los coches eléctricos son una gran promesa para el futuro sin lugar a dudas, pero hoy en día, resulta complicado que sea el único vehículo de un hogar, dada a su limitada autonomía.

Normas de tráfico en otros países de Europa.

Normalmente, las normas de tráfico de otros países se diferencian del nuestro en su forma o en el propio contenido. El problema surge cuando tenemos que adaptarnos a ellas en otro país y no estamos al tanto de las peculiaridades de cada región. Es por ello que debemos tener muy en cuenta cuáles son las normas de tráfico en otros países de Europa.

Existen más diferencias de las que pensamos, e incluso normas que consideramos básicas o generales en muchos países, cambian por completo. Para sentirnos seguros en la conducción debemos estar alerta en las novedades y conocer las normas básicas del país al que vamos antes de emprender el viaje.

1. Tasa de alcohol en sangre

En cuanto a la tasa de alcohol en sangre, se podría decir que cada país es un mundo. Las diferencias han llegado a ser tan notablemente grandes, que la diferencia entre el país más tolerante y el menos, es de 0.8 gramos por litro.

  • Países cuya tasa de alcoholemia máxima es de 0,0gr/l: Hungría, Eslovaquia,Rumanía y Chequia. Esta también es así en Italia, Croacia, Austria y Eslovenia, pero sólo en conductores nóveles.
  • Páises con una tasa de alcoholemia de un máximo de 0,2 gr/l: Noruega, Suecia, Finlandia y Chipre (ambas con 0,22gr/l), Plonia y Estonia.
  • Con un máximo de 0,8 gr/l en sangre: Reino Unido y Malta, siendo estos los más tolerantes.
  • Países con una tasa máxima permitida de 0,5 gr/l: el resto de países europeos restantes, por lo que convierten a esta tasa en la más común. 

    2. Límites de velocidad: máximos y mínimos.

Las zonas residenciales, las inmediaciones de colegios o algunas vías especiales urbanas suelen tener limitaciones especiales, por lo que probablemente no todas coincidirán con las nuestras y debemos prestar atención a cada una de las señales.

Lo más común es que la gran mayoría de autovías y autopistas tengan una velocidad límite de 130 km/h, y así es al menos en 14 países. Como en todo, existen excepciones, y en este caso Francia limita a 100 km/h la velocidad en caso de lluvia. Y al igual que nosotros en España, Portugal, Suiza, Béligca, Irlanda y Finlandia también están limitados a 120 km/h.

Por otro lado está Alemania, dónde algunas autopistas directamente no tienen límites de velocidad (Autobahn), pero si señales que aconsejan ir a un máximo de 130 km/h.

Por debajo de estos límites encontramos cosas especiales como son el de Suecia, Estonia o Chipre, donde se ha establecido una limitación de 110 km/h, o Reino Unido con 112 km/h en cuyo caso las mediciones se realizan en millas.

Por último, el máximo límite de velocidad que conocemos está en Bulgaria y Polonia, donde está permitido circular a 140 km/h por estas vías.

3. El uso de las luces de cruce

En el caso de las luces de cruce encontramos los dos extremos. Existen países en los cuales es obligatorio su uso las 24 horas del día durante los 365 días del año, como por ejemplo: Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Hungría, Rumanía, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Noruega, Polonia, Rep. Checa, Suecia y Suiza. Mientras que en Bulgaria y Croacia solo es así durante los meses de invierno,

En el resto de los países, como en España, las luces de cruce solo deben llevase encendidas por la noche y en la puesta y salida del sol, o en caso de que las condiciones de visibilidad sean bajas. Sin embargo, se recomienda llevarlas encendidas durante todo el día para garantizar seguridad.

4. Reglas comunes en todo el continente Europeo.

Dentro de este entramado situamos el uso del cinturón de seguridad y las sujeciones infantiles, a excepción de vehículos especiales o por prescripción médica.

El uso del casco en motocicleta o ciclomotor es obligatorio en toda Europa. Sin embargo, en el caso de los ciclistas, normalmente solo se les obliga a llevar casco fuera de poblado, aunque con excepciones. En Suiza, se obliga a llevarlo en el caso de circular a más de 20 km/h.

El uso del teléfono móvil está terminantemente prohibido en todos los países miembros, salvo el uso con el manos libres (excepto en Suecia). En Irlanda la multa por incumplir esta ley puede llegar a los 2000 euros.

En conclusión, con prudencia y atención al volante, la seguridad en Europa está garantizada. Solo debemos informarnos un poco antes de realizar algún viaje y tener en cuenta todas las recomendaciones para realizar el trayecto sin sobresaltos.